"Quizá la mayor lección de la Historia es que nadie aprendió de las lecciones de la Historia."

Aldous Huxley.


miércoles, 29 de agosto de 2012

¡Eureka! Arquímedes

Los genios resultan admirables. Arquímedes nació y vivió en Siracusa allá por el siglo III a.c., en la isla de Sicilia, antigua colonia de la Magna Grecia. Probablemente estudiara en Alejandría, cuna de la sabiduría en aquella época. Es considerado el matemático más importante de la antigüedad, y uno de los más destacados de toda la historia. Aunque su vida también onduló entre la física, la astronomía y la ingeniería.

Una de las anécdotas famosas de su vida fue cómo encontró el medio de calcular el volumen de cuerpos irregulares a partir del desplazamiento de volumen de agua al sumergirlos, aplicando el conocido principio de Arquímedes sobre hidrostática. De ahí la leyenda de que saliera corriendo del baño, cuando se le ocurrió la idea de dicho principio, gritando "¡Eureka!" ("Lo encontré") desnudo por las calles.

Algunos de sus avances matemáticos son el cálculo de áreas bajo curvas con la suma de series infinitas, el estudio de la espiral aritmética conocida como espiral de Arquímedes, una magnífica aproximación del número Pi, el cálculo del volumen de sólidos... Diseñó y construyó el barco más grande de la antigüedad, llamado Siracusia. También el tornillo de Arquímedes, o tornillo Sin Fin, para bombear agua o materia mediante succión, utilizado hoy día en múltiples aplicaciones, desde extracción de agua hasta para corregir la inclinación de la Torre de Pisa. Estudió matemáticamente el principio de la palanca y desarrollo diferentes aplicaciones del mismo, solía decir: "Dadme un punto de apoyo, y moveré el mundo."

A finales del siglo, siendo Arquímedes ya un anciano, y en el contexto de la Segunda Guerra Púnica entre Roma y Cartago, Siracusa se alió con los cartagineses. Los romanos intentaron tomar la ciudad al asalto, pero no contaron con el ingenio del viejo matemático. Éste construyó artilugios basados en principios matemáticos para hundir barcos y disuadir a las tropas romanas.  Tanto fue así, que no les quedó más remedio que optar por un asedio sitiando la ciudad durante dos años hasta que se rindió. No obstante, Plutarco describe la preocupación romana contando que cuando se veía cualquier viga o polea en las murallas de la ciudad, los legionarios eran presa de un nervioso pánico.
 
Cuando finalmente los romanos entraron en la ciudad, llevaban órdenes del general Marcelo de respetar la vida de Arquímedes. Quizá era consciente de su valor en la guerra, o puede que fuera simple admiración (los antiguos sabían apreciar el genio mejor que ahora). Sin embargo, cuando un soldado le encontró, Arquímedes estaba dibujando unos círculos resolviendo un problema matemático. El soldado le ordenó acompañarlo para presentarse al general, pero Arquímedes dijo que antes tenía que resolver el problema que le ocupaba. El soldado, irritado, le asesinó con su espada. Dicen que sus últimas palabras fueron: "No molestes a mis círculos."  

domingo, 19 de agosto de 2012

Galileo: Eppur si muove

Hay seres humanos que requieren poca presentación porque fueron tan grandes que la mayoría ha escuchado hablar de ellos. Ese es el caso de Galileo Galilei. Del que no voy a contar su vida, ni mucho menos toda su obra, ya que puso las bases de la astronomía, física y ciencia moderna en general, y tendría que escribir un libro. Me centraré en su principal batalla, aquella en la que enarboló la bandera de Copérnico para defender el sistema heliocéntrico y demostrar que nos movemos a miles de kilómetros por hora en una órbita alrededor del sol. 

Estudiando sus trabajos, me ha parecido entrañable imaginarme a Galileo mirando por su telescopio. Descubriendo tres nuevos puntos brillantes junto a Júpiter como si fueran nuevas estrellas. Buscándolo nervioso la noche siguiente para comprobar que el planeta se había desplazado hacia la izquierda respecto a esas estrellas de forma inexplicable. Lamentándose la tercera noche porque estaba nublado y no podía ver nada. Tras una paciencia de varias veladas nocturnas mirando al firmamento pudo deducir que las supuestas estrellas eran "lunas" de Júpiter que se movían a su alrededor. Debe ser magnífico tener esa cita diaria con el infinito y con la ignorancia.
 
En 1616 la Iglesia Católica califica de herético el heliocentrismo. El Papa lanza el guante de que ninguna prueba real demuestra el movimiento de la Tierra, y que, por tanto, el sistema de Copérnico sólo es una hipótesis más, pero que la verdad está en la revelación divina. Galileo asume el reto de presentar dichas pruebas y recoge el guante. Lo hará en diferentes publicaciones donde explica las mareas, las fases de Venus, las manchas solares, las irregularidades de la Luna, las nuevas estrellas... 

La envidia de los jesuitas (protectores de la ciencia subyugada a la fe cristiana) le hace ganarse enemigos. No obstante, el nuevo Papa, Urbano VIII lo apoyaba. Sin embago, la política hizo acto de presencia. Guerra de los Treinta Años. En un bando, el católico formado por el Imperio Español. En el otro, los protestantes, el poder militar sueco, Inglaterra y Francia. El Papa debería estar del lado español, pero mostraba simpatía por los franceses. Se le amenazó de expulsión por herejía. Tuvo que entregar la presa que muchos buscaban: Galileo. 

El genio fue llamado al tribunal de la santa inquisición de Roma cuando tenía casi 70 años y su salud muy deteriorada. La acusación fue irrisoria, ya que todas las obras publicadas por Galileo habían pasado el filtro de censura inquisitorial. Si había algo en sus escritos que introdujera doctrinas heréticas, habría que reprochárselo a los censores, no a él. Los santos padres optaron por el camino rápido: o confesión y abjuración, o tortura hasta que esta llegara. Galilelo abjuró y negó que la Tierra se moviera. Fue condenado a cadena perpetua, más tarde conmutada a arresto domiciliario permanente hasta el fin de sus días. 

Moriría pocos años después, con 77, completamente ciego, probablemente debido a la observación directa de las manchas solares. Seguiría estudiando y publicando hasta el fin de sus días, aunque tuviera que mandar sus libros al extranjero. 

Todavía hoy, muchos católicos, esperan una rehabilitación plena de Galileo por parte de la Iglesia. Otros, no católicos, esperamos que no tengan el poder para condenar ni rehabilitar a nadie más en un futuro.

Eppur si muove. Sin embargo se mueve... Y, a día de hoy, se sigue moviendo.